1.- Introducción
Mediante el presente artículo, estudiaremos la organización e importancia de la ciudad – estado griega en las sociedades modernas. El trabajo abarca breves análisis de su origen, las clases sociales que la conformaron, sus instituciones, sus valores políticos y su fracaso. Finalmente, a manera de conclusiones, analizaré la influencia de la “polis” en nuestra sociedad de hoy, como la revalidación de principios que hoy en día también son parte de la cultura política de nuestro país.
2.- Origen de la ciudad – estado
La ciudad – estado griega constituye una de las formas primigenias de organización política de las sociedad modernas. A partir del Siglo V a.C. los griegos, sin llegar a formar un imperio, constituyeron una de las culturas de la antigüedad más influyentes de todos los tiempos, tanto por el desarrollo intelectual que forjaron, como por sentar las bases de la política actual, aunque con una evolución considerable de las instituciones políticas a lo largo del tiempo.
Las ciudades – estado eran pequeñas colonias asentadas en las orillas del mar Mediterráneo oriental, entre el mar Egeo y el mar de Levante. Eran pequeñas tanto en extensión de territorio como en población, por ejemplo se calcula que Atenas bordeaba apenas los trescientos mil habitantes. Eran ciudades que formaban estados independientes pero relacionados culturalmente entre sí.
“Es interesante remarcar, respecto a un periodo tan antiguo, el predominio de las ciudades – estado, tanto en la fase de civilización fenicia como en la sucesiva etapa de la civilización helénica con la polis, de las que Atenas fue su paradigma” 1.
La ciudad – estado griega es también conocida como la “polis”. Dicha institución englobaba diversos aspectos como el político, el religioso y el económico, en donde se ponía en práctica nuevas formas de convivencia entre hombres libres y aquellos que no lo eran como los esclavos, los extranjeros e incluso las mujeres.
“La polis no es sólo la ciudad como planta urbana. Atenas como Ciudad – estado es mucho más vasta que la Atenas como recinto urbano. No sólo incluye la metrópoli, sino también un territorio agrícola, la campaña circundante, sembrada de granjas y pequeños pueblos, y un puerto: el Pireo. Es todo esto lo que constituye el Atica”.2
1. De Cabo Ramón, Isabel; Turquía, Grecia y Chipre: Historia del Mediterráneo Oriental, Barcelona, 2005; pág. 15.
2. Prelot, Marcel; Ciencia Política. Editorial Universitaria, Buenos Aires: 1964; pág. 8.
“Por eso debemos insistir en que la polis fue para el griego una ética y una forma de política. Su civilización consistió, por el paso del pensamiento mítico, al pensamiento crítico, en un primer avance hacia el predominio de la razón en el entendimiento de la naturaleza, del alma humana y de las relaciones entre los hombres, que eran la esencia de la vida política”. 3
3.- Las clases sociales en las ciudades - estado griegas
“Esta población estaba dividida en tres clases principales, que eran política y jurídicamente distintas. En el grado más bajo de la escala social se encontraban los esclavos, pues la esclavitud era una institución universal en el mundo antiguo. Acaso una tercera parte de los habitantes de Atenas eran esclavos. En consecuencia, la institución de la esclavitud era tan característica de la economía de la ciudad – estado como la del asalariado lo es de la edad moderna. Es cierto que los esclavos no contaban políticamente en la ciudad – estado”. 4
El segundo grupo social en la “polis” griega era la conformada por los extanjeros residentes o metecos. Eran hombres libres y el trato hacia ellos no se consideraba discriminatorio, pero no formaban parte de la élite política de la ciudad.
La tercera clase social es la más importante, aquella conformada por los ciudadanos quienes eran miembros activos de la “polis”. Su característica principal es que gozaban de una activa participación en política y en los asuntos públicos, aunque el grado de participación podía variar dependiendo del ciudadano. “Así, por ejemplo, Aristóteles, teniendo presente sin duda la práctica de Atenas, considera que el mejor criterio para determinar la ciudadanía es la capacidad de actuar como jurado” 5. Para el ciudadano griego, lo más importante era gozar del derecho a participar en la vida pública, por lo que su relación con la polis era más íntima y menos jurídica, a diferencia del concepto de ciudadanía de los estados modernos, donde lo que prima es hacerse respetar la condición de sujeto del derecho, más no la satisfacción y el privilegio de gozar del mismo y ejercerlo. “Los griegos no consideraban su ciudadanía como algo poseído, sino como algo compartido, en forma análoga a lo que representa el ser miembro de una familia. El problema político consistía en descubrir el lugar que debía ocupar cada especie o clase de hombres en una sociedad sana constituida de tal modo que pudiesen desarrollarse en ella todas las formas significativas de trabajo social” 6.
4.- Las instituciones
Las instituciones políticas suponían una participación activa de los ciudadanos varones en la toma de decisiones de la ciudad. En Atenas, el órgano que suponía una participación democrática era la asamblea o ecclesia, que estaba conformada por todos los ciudadanos hombres mayores de veinte años. La asamblea se reunía diez veces al año y en forma extraordinaria cuando así lo requería el consejo. Su labor se centraba principalmente en la aprobación o rechazo de las leyes dadas por el Consejo, aunque en algunas ocasiones la situación era a la inversa.
Los magistrados, a diferencia de la sociedad moderna, eran una especie de entes colegiados compuesto por diez ciudadanos, cada uno representante de una tribu, pero de limitado poder, a diferencia del Consejo de los Quinientos y los tribunales los cuales fueron los dos órganos de control popular de mayor importancia en Atenas.
El Consejo de los Quinientos constituye una muestra interesante de la visión de democracia del ciudadano de la Grecia Antigua, por la forma que tenían de elegir a sus representantes, lo cual guarda relación con la organización política – administrativa de sus sociedades. Las unidades de gobierno local eran conocidas como demos, sin embargo su naturaleza no era la de un barrio o cantón actual, por ejemplo, el ciudadano no dejaba de pertenecer a ella por mudarse a otra localidad, asimismo se accedía a ésta por medios hereditarios, era compuesto por varones y se les inscribía cuando éstos cumplían la edad de dieciocho años, es decir, adquirían la ciudadanía. “Pero la función de mayor importancia era la de presentar candidatos para los diversos cuerpos en los que se desarrollaba el gobierno central” 7. El Consejo constituía un ógano legislativo y ejecutivo del gobierno central.
Asimismo, se encuentran los diez generales, quienes gozaban de mayor autonomía, eran elegidos por elección directa y eran reelegibles. Estos militares tenían una amplia influencia sobre el consejo y la asamblea, por lo que en la práctica ejercían un cargo político, y no estrictamente un cargo militar.
Finalmente, están los tribunales. “El control popular de los magistrados y de la ley se completaba por medio de los tribunales. Los tribunales atenienses, eran, sin duda, la clave de todo el sistema democrático. Ocupaban una posición que no es comparable a la que tienen los tribunales en ningún gobierno moderno. Era su deber, como el de cualquier otro tribunal, dar decisiones judiciales en los casos particulares, tanto civiles como criminales; pero además, tenían poderes mucho mayores que éstos y que, con arreglo a las concepciones modernas, son claramente de naturaleza ejecutiva o legislativa y no judicial 8”.
7. Ibid.; pág. 18. El sistema era una combinación de elección y sorteo. Los demos elegían candidatos en número aproximadamente a su tamaño, y la suerte designaba quiénes de los incluidos en esta lista habían de desempeñar los cargos. Para la mentalidad griega, este modo de nombrar para los cargos públicos por sorteo era la forma de gobierno característicamente democrática, ya que igualaba las posibilidades que todos tenían de desempeñarlos.
8. Ibid.; pág. 19.
5.- Los valores políticos
Los principios que rigen las instituciones antes descritas, así como la noción de democracia que tenían los atenienses, encuentran su fundamento en la vida cívica del ciudadano, el cual es considerado el valor supremo que aspiraban a seguir. La ciudad y la participación activa en ella, como el privilegia de ocupar cargos públicos, configuran el bien supremo que todos poseían y por el que estaban dispuestos a ofrendar hasta sus vidas. La discusión y la concertación constituían un privilegio y uno de los intereses de los ciudadanos, quienes entrelazaban los interese particulares y públicos.
“Todos cuidan de igual modo de las cosas de la República que tocan al bien común, como de las suyas propias; y ocupados en sus negocios particulares, procuran estar enterados de los del común. Sólo nosotros juzgamos al que no se cuida de la República, no solamente por ciudadano ocioso y negligente, sino también por hombre inútil y sin provecho.” 9
Del mismo modo, consideraban que todos los ciudadanos tenían la aptitud natural para participar en la vida democrática de la ciudad, sin distinción de rango ni riqueza, por lo que no era necesario tener una especialización o habilidad especial para ocupar un cargo público.
6.- Fracaso de la ciudad – estado
La armonía y la forma cómo se organizó la ciudad - estado griega, no pudo mantenerse en un largo período de tiempo. Su organización tuvo más elementos ideales que fácticos por lo que finalmente los egoísmos y los odios terminaron superando a los ideales polìticos que perseguían. Tal como lo dijo Platón “ Toda ciudad por pequeña que sea está dividida por lo menos en dos ciudades enemigas: la de los pobres y la de los ricos”.10
Había una tendencia de los griegos a apoyar una determinada forma de gobierno o determinado partido, lo que acrecentaba aún más las desavenencias políticas en desmedro de la misma “polis”.
“La ciudad griega se enfrentó a un dilema político insoluble: la búsqueda del ideal de autarquía en lo económico que en lo político implicaba necesariamente aislacionismo, con sus correspondientes consecuencias prácticas de estancamiento económico y cultural, no previstas en el pensamiento de Platón ni de Aristóteles.” 11
9. Tucídides (Atenas 460 a.C. – Travia 398 a.C.) citando a Pericles en Guerra del Peloponeso, traducción de Diego Gracián, 2007, pág. 450.
10. Platón, La República, libro IV, edición virtual.
11. Zipper, Ricardo Israel, Morales, María Eugenia; Ciencia Política; Editorial Universitaria S.A.; Santiago de Chile: 1999; pág. 27.
“Tras la guerra del Peloponeso se había destruido definitivamente el imperialismo ateniense y su inigualable auge comercial, pero nada impedía que siguiera gobernándose por el mismo régimen democrático, aunque estaba en pleno desprestigio, hundido en el exterior y perdido su dominio en el mar, además de tener dentro de su misma ciudad partidarios de la oligarquía, que podían hacer prender fácilmente en la masa popular”. 12
7.- Conclusiones
La mayoría de los conceptos e instituciones políticas de las sociedades modernas han sido heredadas de las formas de organización ciudadana de la ciudades – estado griegas, en especial la ciudad de Atenas. Valores supremos recogidos en las constituciones actuales como la justicia, la igualdad y la democracia tienen su origen en ideales primitivos que fueron practicados por los antiguos griegos.
La democracia representativa es una de las instituciones que aún siguen vigentes hasta nuestros días. Si bien es cierto en aquellas épocas existía una participación directa por parte de los ciudadanos en la organización del gobierno, a diferencia de lo que ocurre hoy, no deja de tener relevancia que fueron los griegos quienes por primera vez otorgaron a los asuntos de la ciudad un lugar privilegiado en la vida del ciudadano, considerando al quehacer político no sólo como una responsabilidad de todos sino como un honor el cual todos anhelaban tener.
8.- Bibliografía
DE CABO RAMÓN, Isabel; Turquía, Grecia y Chipre: Historia del Mediterráneo Oriental, Barcelona, 2005; pág.70.
PRELOT, MARCEL; Ciencia Política. Editorial Universitaria, Buenos Aires: 1964; pág. 200.
TUCÍDIDES (Atenas 460 a.C. – Travia 398 a.C.) citando a Pericles en Guerra del Peloponeso, traducción de Diego Gracián, 2007, pág. 550.
PLATÓN, La República, libro IV, edición virtual.
ZIPPER, Ricardo Israel, MORALES, María Eugenia; Ciencia Política; Editorial Universitaria S.A.; Santiago de Chile: 1999; pág. 86.