viernes, 27 de marzo de 2015

Del "Pelo Malo" y otras cuestiones

Tuve la oportunidad de ver la película venezolana "Pelo Malo", película que gratamente superó mis expectativas y que me hacen pensar que el buen cine, ese que conmueve e inspira, marcha bien por estas latitudes. A manera de resumen diré que la trama de la historia se centra en el caprichoso Junior, un pequeño de piel oscura y cabellos ensortijados empecinado, sí, hasta el hartazgo, en lacear su melenuda y crespa cabellera, con el fin de lograr la foto que le piden en el colegio antes de empezar sus clases. A Junior le gusta bailar y cantar, pero sobre todo, anhela con ansias lograr el cabello liso, para lo cual recurrirá a un sinfín de procedimientos lo cual desatará la furia de la madre en incontables situaciones.
Si bien la historia que nos cuenta Marian Rondón es simple y sin mayores pretensiones ni sobresaltos, lo cierto es que la trama nos permite apreciar cómo la idiosincrasia de una sociedad, muchas veces sesgada y atrapada en el anacronismo y premodernidad, impide el normal desarrollo del ser humano, y lo que es peor, de los niños, lo que aunado a la situación de pobreza que viven muchas familias de esta región del continente, cala en lo más profundo del ser.
Junior representa esa identidad perdida, esa necesidad de todos de formar parte de una sociedad que prejuzga y establece a rajatabla qué son virtudes y qué defectos, que se ve restringida y parametrada por los cánones impuestos por las instituciones que nos gobiernan; cánones azuzados, cuando no, por los medios de comunicación.
Junior somos todos y del "pelo malo" hay que librarnos.